
Quien no ha envidiado alguna vez a la bella durmiente, a esa doncella que cae en un sueño infinito, un sueño del que solo podrá despertar en caso que aparezca su verdadero amor. Quien no ha deseado nunca dormir sabiendo que al despertar le esperara su príncipe, su eterno enamorado. Quizás sea mejor así, cerrar los ojos y dejar que las cosas pasen, que las cosas sucedan...